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Kyosaku en Nuestras Vidas

  • mdehaquiz
  • 29 jun 2022
  • 3 Min. de lectura

En la escuela soto zen de Japón practican el zazen, que es la verdadera forma del ser y del no hacer o de la no-acción. Practicar la no-acción es sentarse. Hay varias formas de sentarse para este tipo de meditación y muchos textos sobre esto que podrían consultar. Pero en esta ocasión me gustaría hablar de el Kyosaku.

El kyosaku es una tabla de madera que carga el jikido, la persona responsable de usar esta herramienta durante el zazen (momento de la meditación). Para los budistas zen está persona es el representante humano del Bodhisattva Manjushri (un ser iluminado con gran compasión).

El jikido camina con el kyosaku alrededor de los practicantes mientras meditan. El practicante que siente sueño o distracción ubica las manos en Gassho, que es una expresión de respecto, fe y devoción. Las manos se unen separado del cuerpo a la distancia de un puño, y la cabeza se inclina un poquito. Esto le indica al jikido que necesita kyosaku, él se acerca y le mueve la cabeza hacia un lado y con la tabla de madera le da un golpe en los músculos del hombro. Al terminar el practicante muestra gratitud con sus manos en la posición gassho.

Este término lo conocí en una conversación con un amigo que ha participado en estos tipos de meditaciones. Él mencionaba lo efectivo que era ese golpe en el lugar perfecto para que el zazen fluya con tranquilidad de mente y sin que el sueño domine sus ojos. Son golpes que despiertan. Y lo que me parece más bello de esta practica es el agradecimiento del practicante. Él pide el golpe por que sabe que le haría bien. Él agradece el golpe porque lo despertó y además le agradece a la persona que tuvo la compasión para darle el golpe.

Como les dije antes hay muchos lugares que pueden consultar sobre el zazen, yo conozco poco, pero la conversación con el amigo me causó curiosidad, especialmente sobre la práctica del kyosaku, no pude evitar de relacionarlo con la vida.

Cuando me llega un golpe, bien sea económico, de salud, un duelo, o espiritual, no puedo evitar despertar. Me despierto de la ilusión de que todo debe de ser perfecto y que nada cambia. Es una oportunidad de reflexión, aprendizaje, y de agradecimiento. Es momento de practicar la flexibilidad, la paciencia, la vulnerabilidad y la humildad.

Cómo recibimos el golpe es de suma importancia. Al caer un gato de alguna altura, el relaja su cuerpo y se ubica boca arriba, cuando cae al piso recibe el golpe con suavidad. Si su cuerpo no tiene tiempo para distencionarse, los resultados serían mucho más graves.


Otro ejemplo común es una enfermera que te va poner una inyección, lo primero que dice es “no tensiones tus músculos o te va doler más.” Hace unos años, cuando practicaba el Tai-Chi, el maestro nos decía “un practicante no busca la potencia dentro de sí tensionando su cuerpo, sino que trata de despertar el verdadero poder a través de la disolución del “yo”.”



La suavidad, dejar fluir, no pelear con los golpes de la vida, aceptar con gratitud y despedir con gratitud. Yo sé, no es fácil, pero es posible. En la historia humana hay muchos ejemplos, en nuestras vidas cotidianas lo hemos visto, y de la naturaleza lo hemos aprendido.

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